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Mi gran amigo Ricardo Jesse Alexander, que amaba los palíndromos,
me contó en una ocasión que en la antigua Persia,
un emperador decidió ofrecer una gran comida a todos los
sátrapas del reino. Cuando estaban ya sentados a la mesa,
uno de ellos, proveniente de una alejada localidad, a quien la suerte
había ubicado cerca de la cabecera, descubre con horror,
que en el plato que le habían servido había abundante
cantidad de repollo (col) comida ésta que le producía
un tremendo asco.
Temeroso
de ofender al emperador, el pobre hombre comenzó a apartar
ese alimento con gran disimulo, mientras engullía la carne
y las otras verduras de su plato. El emperador, que no cesaba de
observar a los comensales, descubre la maniobra y mirando fijamente
al sátrapa le dice: «La col apartas hoy, oh sátrapa
local».
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