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Y
sí. Yo soy. Senanes. Tengo un apellido no sólo
simétrico, sino también capicúa y hasta
palindrómico. Decir que se lee del derecho y del revés
no tiene ninguna gracia, porque todos los apellidos y palabras
se pueden leer del derecho y del revés. El asunto es
que en mi caso da lo mismo cómo se lea. Me matan con
la indiferencia, sea del derecho o al revés, o mejor
dicho, al revés o la sever. |
Todos
suponen que siempre duermo a la sombra de un yatay, que vivo en
la provincia de Neuquén, que viviré hasta los 111
años, que prefiero la música de Reger y la mía,
más la mía que la de Reger, o más aún,
el silencio, que también se oye igual si se lo pone al revés.
Y diría que tienen razón, si lo que vale es la intención
y lo que dice el corazón, así sea un papelón.
Todo sea por la rima, clarón.
Hay
quienes sostienen con malicia que desde mi mismísimo apellido
está claro que todo lo que yo diga o haga tiene doble lectura.
Mis defensores (muy pocos en verdad: mujer, hijos, gato y cuando
es necesario, yo mismo) alegan en cambio que precisamanente no hay
doble, sino siempre la misma lectura. Todo depende en todo caso
de su sentido: derecha a izquierda, o lo que es lo mismo, izquierda
a derecha, para escándalo de las ciencias políticas.
En ese terreno, se me adjudica invariablemente una posición
de centro, quizás pensando que desde ahí, al tener
mi apellido la misma cantidad de letras para cada lado, puedo opinar
más salomónicamente que el común de los mortales,
tan asimétricos que sóis.
Pero
confieso que suelo volcarme más bien a la izquierda. Que
no se sabe bien donde queda, porque si uno mira cara a cara, queda
del lado contrario a la propia. Y si se mira por la espalda, la
posición preferida de los traidores, queda del mismo lado.
La política, como se sabe, no es una ciencia exacta ni un
terreno confiable. Que otros se ocupen de ella, así pueden
perjudicarnos sin interferencias.
En
cambio, eso de alinear cubiertos, servilletas, lapiceras, papeles,
libros, colores y hasta olores hasta que estén paralelos
entre sí, se lo dejo a esos pobres presos de los rituales
obsesivos. Como yo. O como el que dijo que si te pegan en una mejilla,
no te olvides de poner la otra. Sabias palabras al humilde servicio
de la simetría sensorial.
En
lo profesional, y sin contar la medicina, que equilibra simétricamente
al resto, sigo también pautas palindrómicas. Soy músico
y periodista. Vale decir, escribo notas. Notas musicales y notas
periodísticas. Para compensar aún más la cuestión,
soy periodista del diario Clarín de Buenos Aires, y sabido
es que el clarín es un instrumento musical.
Como
buen simétrico, la aventura más original y a la vez
repetida es deletrear mi apellido a conserjes, telefonistas y otros
curiosos profesionales o amateurs.
¿Me
puede deletrear su apellido?
En
general, suelo advertirle antes a quien me lo solicita que se trata
de un apellido palindrómico. Lo cual, lejos de aclarar las
cosas, predispone a la polémica. Y eso, en materia de comunicaciones
telefónicas, significa colgar inmediatamente.
Si
el trámite sobrevive a estas primeras frases, entonces viene
el deletreo. Por ejemplo:
Ese
de Sócrates, e de Eurípides, ene de Nostradamus, a
de axiología, ene de Nostradamus, e de Eurípides,
(a esta altura el tipo o tipa se va dando cuenta de que era eso
de palíndromo) y ese de Sócrates. ¿Vió
que era palindrómico?
Lo
que sigue es siempre silencio. No es que yo sea paranoico, pero
estoy seguro que está pensando mal de mí. Y usted
también.
En
realidad, preferiría deletrear mi apellido de otra manera:
Ese
de Senanes, e de Enanes, ene de Nanes, a de Anes y salvo la a, todo
de nuevo pero al revés.
Pero
no crean que porque mi apellido sea simétrico, todo mi ser
lo es. Por ejemplo, tengo un testículo más grande
que el otro, según lo han demostrado pacientes investigaciones
propias y ajenas. Mi hemisferio izquierdo está más
a la izquierda que el derecho, si uno toma, por ejemplo, mi nariz
como eje. O el ombligo, que para el caso funciona igual. O la línea
nariz-ombligo, para ser aún más precisos. Pero si
el eje de referencia es el mismísimo hemisferio izquierdo,
queda una asimetría aún mayor: a la derecha, el hemisferio,
derecho, y a la izquierda, ningún hemisferio. Esta observación
suele dar argumentos a quienes sostienen que soy medio descerebrado.
Como véis, todo depende del punto de vista de cada quien.
En
una época, tentado por la simetría del apellido, llegué
a firmar algunos trabajos musicales como Gabriel Senanes L'eirbag,
lo que me obligó a agregar a mi biografía las ramas
del árbol genealógico correspondientes a la familia
L'eirbag, simétricas, claro está, a las de la familia
Gabriel, con quien comparte simétricamente su inexistencia.
Lo que se dice el drama inexistencial, origen de esa corriente de
pensamiento llamada inexistencialismo, que nos ha dado figuras como
Paul-Jean Tresar y al mítico filósofo argentino, radicado
en Francia, que se preguntó:
¿Senanes
o se hace?
No
es para tanto. Después de todo, lo que más ambiciono
es vivir una larga y hermosa vida y morir en mi cama rodeada de
seres queridos, la mitad de cada lado.
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