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El carbono.
Casi todo el mundo está familiarizado con las dos formas más comunes del carbono: el grafito y el diamante. Ambos compuestos están formados únicamente por átomos de carbono, y su única diferencia radica en la disposición que estos átomos adoptan entre sí. Este representa un ejemplo clarísimo de cómo el modo en que los átomos de una molécula están unidos entre sí puede afectar las propiedades del compuesto en forma dramática. Ambos compuestos son carbono puro, y en principio pueden ser interconvertidos entre sí.
Estas dos formas de carbono son conocidas por el hombre desde hace milenios. Recién en 1985, para gran sorpresa de la comunidad científica, una tercera forma estable fue descubierta: el buckminsterfulereno. La historia de este descubrimiento es en sí misma una historia interesante, pero se aleja del tema que nos reúne hoy. Solo mencionaré que fue totalmente accidental, durante investigaciones que intentaban explicar la naturaleza de emisiones de luz producidas por el polvo interestelar, y que es un excelente ejemplo de cómo muchas veces la naturaleza nos muestra mucho más de lo que nosotros sabemos ver. Estas emisiones son conocidas por los astrónomos desde hace muchas décadas, pero hizo falta un momento de inspiración 'ajá' de un estudiante de doctorado para ver lo que ahí estaba escrito: existe una molécula estable formada únicamente por átomos de carbono cuya estructura y propiedades no se parecen en nada a las formas previamente conocidas. página siguiente: La estructura del Buckminsterfulereno. |
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